
País: Japón
Canción: Reaching for the star by Fantastic Plastic Machine
Comienzo un nuevo proyecto.
Un programa de radio, dedicado exclusivamente al Shibuya-kei.
Dónde: Aquí.
Cuando: Los lunes de 23:00 a 24:00
Si ustedes gustan.

Teoria del taburete. La estabilidad se consigue con al menos tres patas. Las mías son: familia, amigos y la exploración del mundo. Cuando falla alguna, la sustituyo, hasta que esté reparada, por alguno de mis fetiches (La música 渋谷系, Japón, Mazinger Z y las camisetas)


Amigo: Demetrios
Escoger la compañía adecuada. Conversar por puro placer. Un cigarro con el licor de hierbas. Risas.

Pasear lentamente por las calles de un pueblo. Observar con los ojos sorprendidos de un niño. Rebuscar rincones que puedan convertirse en oleos. Fotografiarlos.

Visitar una casa tradicional. Escuchar.

Internarse en el bosque. Seguir la senda de las flechas amarillas. Ver los acebos.


Tomar un café en un minúsculo bar de pueblo. Ver como el sol se esconde.






- Afrodita A es destruida en el capítulo 74 y sustituida por Diana A, para mi gusto mucho más fea.

- Mazinger Z no es indestructible. Es aniquilado en el capítulo 92.
- En este último capítulo Koji conoce a su padre Kenzo Kabuto que pilota un robot llamado Gran Mazinger.
- Hay un Mazinger Z enorme en Tarragona.

- Minimaki se queda extrañado cuando les habla de Mazinger Z a sus amigos del cole y ninguno lo conoce.
Os dejo la canción de la cabecera de la serie en la versión española.




Los posos de París y Córcega han quedado atrapados en un libro de viajes.

Restos de plantas, arena de playa, dibujos hechos tras un buen vino, momentos.
Os dejo echar un vistazo a alguna de sus páginas







He sentido esa presión en muchos países: España, Bélgica, Irlanda, Baviera en Alemania.
Almorzamos en un restaurante rústico donde sirven auténtica comida corsa: empanada de maquis, foie, cordero guisado, pescado de río aderezado con hierbas.
No nos interesa el museo de cultura corsa. Se que es un templo de ideas nacionalistas.
No creo en el nacionalismo. Prefiero la mezcla.
Creo en la unión y el intercambio.






Las playas del norte son inmensas, de arena amarilla. Es imposible llegar con el coche. Hay que andar entre los juncos.
Están rodeadas de pinos centenarios que se asoman al mar sin miedo. Las vacas pastan a escasos metros. Al mirar atrás no se ve construcción alguna.
Todo es virgen, salvaje.
(Nota: no tengo fotos digitales de esta zona, por lo que las que he puesto han sido tomadas de la red)


El “antiguo molino” fue reparado y convertido, con muy buen gusto, en casa rural por Collete y Didier, unos corsos orgullosos de su cultura y ansiosos por mostrarla al forastero. Gente sin prisas. Gente amable.
Me enseñan otros molinos destrozados por los años. Pendientes de arreglar si el negocio va bien. Didier saca una foto de los molinos hace 50 años. Hay un hombre que probablemente sea su abuelo. Me muestra un paquete de harina de castaña.
El molino está construido literalmente encima de un arroyo que hacía girar una rueda. Ahora la rueda ha desaparecido y el hueco, que forma parte del suelo del dormitorio principal, ha sido cubierto con un cristal. De este modo es posible ver por las mañanas, mientras te desperezas, el agua correr bajo tu cama y como pasó una mañana, una vaca pastando justo debajo de tus zapatillas.

En el altillo de la segunda planta hay un dormitorio infantil, con el techo de viga vista. Y un ventanuco que mira directamente al bosque. Es el cuarto de Heidi!!!, exclama contento Minimaki. Desde ese día consigue un palo grande y se autoproclama Pedro (El pastor).
Por las mañanas, mientras desayunas en la mesa del jardín bajo un arco de piedra, se oye a un pastor jaleando a sus ovejas.
Durante la noche, mientras cenas arropado por el oscuro bosque, se intuye a los cerdos salvajes y jabalíes que mastican ruidosamente las castañas en los alrededores de la finca. "Demasiado rural" exclama Marisa la primera noche, un poco asustada. Al tercer día los gruñidos de los jabalíes forman parte de la banda sonora de nuestras cenas y ya nadie los teme.
