
Amigo: Patxi
País: Rusia
Canción: Criticar por criticar
Anoche viví una de las cenas más estrafalarias de los últimos tiempos.
Éramos 21 personas de los cuales 17 eran rusos.
Entre los comensales había la cuarta componente de las “Supremas de Mostotes”, otra clon de “Bolsón” y una tigresa pelirroja. Vamos, glamour a go-go.
Todo iba bien hasta que un ruso muy creativo, empezó a silbar una canción.
Mi cuerpo se tensó. La camarera abrió los ojos de par en par. Mi jefe se bebió de golpe la copa de vino.
Se produjo una reacción en cadena pero que la de Chernobil
Del silbido se pasó a las canciones siberianas. Todas muy tristes. Todas increíblemente largas. El tono subió unas octavas. Cantaban los 17 a modo de coral griega.
Yo me hice muy pequeñito, solo mi sonrisa era cada vez más grande. Soy un poco japonés en ese aspecto. Cuanto más incomodo me siento más sonrío.
Más o menos en la sexta canción, cuando todo el restaurante nos miraba con reprobación, empezaron a chistarnos para que acabase la tortura.
La respuesta fue cantar más fuerte.
Me agarré a la copa de vino como si ella pudiese teletransportarme a otro lugar.
Llegó la camarera de los ojos abiertos.
- Que digo yo, que estos rusos cantan muy bien. Que nos encanta. Que las canciones son muy bonitas. – Dijo muy suavemente, implorando. – que a todo el restaurante les gusta, excepto esa mesa de allí, que están un poco molestos. Díganles que en cuanto se vayan los de esa mesa, pueden cantar todo lo que quieran.
En esos momentos mi cara estaba en un tono bermellón. Casi rompo la copa de estrujarla tanto.
Por supuesto que los rusos siguieron cantando aún más alto esas canciones tan tristes.
















